Obtengamos inspiración de toda la naturaleza a nuestro alrededor: viento, mar, luz y luna, sonidos, árboles y rocas, arena, palmeras… mar.

Permitimos que la selva entrañable nos inunde con fenomenologías no acotadas en el tiempo; con atmósferas efímeras y cambiantes, nunca iguales en forma pero siempre en esencia; que nos sumerja.

Tomamos mar y lo contenemos; tomamos roca y la reformamos; moldeamos árboles en madera y arena en cristal, y creamos un refugio, sí para el cuerpo, pero sobre todo para el alma. Una plataforma donde escuchamos un diálogo constante que apenas comenzamos a entender.

Texto por: Rodrigo Carreón Equipo CDM | Casas de México